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Historia · Agosto 2015

La exposición de cuarto básico

Manitos al sudor, corazón a las costillas y mejillas al vino tinto. Mente que hace eco y palabras extraviadas. Segundos que se demoran, oídos que silban y ojos que se expanden.

De la nada escuchas una frase y eres tú mismo quien te habla: «Te lo dije, ni lo intentes. Escápate al baño, di que estás enfermo. Pero tú no me hiciste caso y aquí estás: lo olvidaste todo y ahora estás perdido». Con un grito en silencio te contestas: «¡Te dije que esta exposición era importante y justo ahora se te ocurre quedarte en blanco!».

Compañeritos intentan moverte desde lejos con las cejas, pero no funciona y pierden la paciencia. Agrandas sus caras y te haces pequeño, tan pequeño. Y ellos, cada vez más grandes.

Empiezas — o más bien solo lo intentas —, porque cuando lanzas tus primeras palabras descubres que tu voz se atoró en la garganta y no sale. Tu silencio se hace burla y la risa alza el volumen. Quieres llorar, pero decides tragar lágrimas que saben a resfrío de niño.

Sigues de pie y mágicamente haces balancear la cara del profesor. Mientras decantan las risas pierdes la noción del tiempo y el silencio se come todo. Sin darte cuenta, llegaste al final sin empezar. Te invitan a sentarte y el corazón decide dejar de andar saltando, al tiempo que tu nueva autoestima toma asiento.

La nota es lo de menos. Al menos esto es todo… por ahora.

Felipe Bozzo

Versión original publicada en agosto de 2015. Ese niño que se quedó en blanco hoy se dedica, entre otras cosas, a hablar en público — en universidades, empresas y un escenario TEDx.

¿Quieres llevar estas historias a tu equipo? Felipe dicta conferencias sobre liderazgo en empresas y universidades.

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