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Bogota. La quinta con sesenta y nueve.

Bogota, Colombia. Desde la 5a con 69 salgo a caminar. Respiroavanzo, observo. Otoño eterno, no escondas tu belleza. La elegancia de las veredas contrasta con la loca carrera de autitos amarillos que intentan distraerme. Casi lo consiguen, hasta que un suave balancear de caderas aparece y oculta todo lo demás y al ritmo de los pasos desaparecen los guardias excesivamente armados y quedan al desnudo terrazas con gusto a café de mujer rodeados de aire con sabor a fruta fresca que se mezcla con gotitas de agua discontinua. 

Aparecen bellas sonrisas de gente resiliente que ha visto la miseria del inhumano y que aún así, no permiten que les apagen el alma. Quiero robar esa música y guardarla en mi bolsillo por si la necesito. 

¿Colombia te ofrezco un trato?, tú me das dos gotas de tu sonrisa y yo te doy dos onzas de cordura para que consigas lo que tanto te mereces. Con tu sonrisa borro la pena y la amargura que encuentre por ahí y con la sensatez tu haces que el campo y la ciudad se abracen para siempre. Así mi vida se hace azúcar y tu bosque se hace miel, ¿Te parece un buen acuerdo?

Ay Colombia, a ti los viajes no te quitan la esencia, ¿qué hacemos para ser amigos por siempre? Diez calles contigo no son nada.

Llego a la 76. Fin del paseo.


Felipe Bozzo

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