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Mirar a lo alto

¿Conoces el dolor más profundo?, el que desgarra el alma, el que quiebra el pecho, el que explota en llanto.

Después de romperse, viene la calma. Las olas suaves calman tus oídos y el planear de las Gaviotas tranquiliza el alma. 
No eres un ser completo, hasta que no experimentas el fuego ardiente que derrumba tu existencia, que elimina tus juicios y quita de tus ojos la mirada inquisidora. 
En la caída no hay ego y sin ego no hay autoengaño. Por eso quien cae, sabe que su existencia es frágil, corta y vulnerable. Aunque en realidad siempre lo fue.

Esos días, para seguir avanzando, es necesario alzar la mirada, reencontrarte con el amor de tu Creador y dejarse llevar en los planes que Él tiene para ti. Confiado en que el tiempo vendrá mejor y en que algún día volverá a salir el sol.

Felipe Bozzo

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