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La otra cara de la moneda.

Eros, la forma idealizad del amor en relaciones que recién comienzan; Storgé, el que crece en el tiempo, el amor de la amistad; Philia, el que se siente por la humanidad, el amor al compartir; Ágape, el desinteresado, el amor de dios. 
Los antiguos griegos lo tenían claro,  no entra un concepto tan potente en una sola palabra. ¿Pero qué pasa con la otra cara de la moneda?, el miedo, para ellos Fobos, hijo de Afrodita, la diosa del amor.
  
Curioso que en nuestro infinitamente rico español, moldeado por Machado, tallado por Neruda y pulido por otros tantos, no tengamos esas palabras, ¿no les parece?. Pero más sorprende que tampoco las tengamos para el miedo.

Al menos para mi hay varios y de distintos tipos: 

“El Cobarde”, que pone a latir tu corazón como si fuera una bomba que va a explotar, llena tus piernas de sangre y las deja listas para huir. Este miedo no piensa en las consecuencias, simplemente te saca volando del “campo de batalla”. No es para sentirte muy orgulloso de él, pero al menos a mi, me ha salvado de unas cuantas, ¿y a ti?.
“El Valiente”, tu órgano que late funciona igual que con “El Cobarde”, pero esta vez la sangre no se va a las piernas, se va a los brazos y te alista para dar la batalla. Tampoco piensa demasiado en las consecuencias, las que incluso cuando ganas pueden ser devastadoras, pero al menos te hace sentir orgulloso y puedes decir a todos e incluso a ti mismo, que eres muy valiente, aunque en realidad sea solo otro tipo de miedo. 
“El Nostálgico”, incluso a veces puede ser gracioso, porque no tiene ninguna relación con lo que está pasando. Pero tiene una memoria increíble y le basta con imaginar algo mínimamente parecido a lo que sucedió en el pasado para hacer correr todo su veneno por tus venas. Es bastante inútil, pero a fin de cuentas, a quién no le ha pasado alguna vez.  
Para los griegos hay cuatro formas de amor, para mi cuatro formas de miedo y la última la peor de todas: 
“El Desgraciado”, absolutamente inútil, es un miedo que se instala y hace que tu corazón ya no lata fuerte porque sabe que aunque lo haga tus piernas no van a huir y tus brazos no van a pelear. Te deja donde estas, te inmoviliza, te aturde, te paraliza. Se hace dueño de tu existencia y controla tus pensamientos. Es terco y constante y a veces toma forma de persona. Te esclaviza, te atrapa, te aísla y lo peor de todo te aleja de quien eres de verdad. “El Cobarde” desaparece al correr, “El Valiente” al pelear, “El Nostálgico” al dejar de pensar, pero al “Desgraciado”, no lo puedes expulsar. Al menos no con tu cuerpo, ni tampoco con tu mente. Necesita una medicina un poco más potente, tienes que expulsarlo con el alma para que caiga del otro lado la moneda.

A veces puede parecer muy difícil o incluso imposible, pero solo necesitas un pequeño rayo de luz, siete gotas de ilusión y dos cucharadas de coraje y cuando las encuentres, tus piernas volverán a correr, tus brazos a pelear y Ágape, el incondicional, volverá a entrar.

Felipe Bozzo 

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